Estoy triste.
Me siento muy mal.
¿Qué mierda pasa? No, en serio, díganme porque la verdad que parece que todo pasa muy rápido o estamos destinados a acostumbrarnos a vivir así.
No conocía a Carlos Fuentealba. Pero seguramente me hubiese gustado conocerlo. Pero eso va a ser imposible. Él murió anoche víctima de la represión policial en Neuquén durante una protesta de docente que reclamaban mejoras salariales.
Yo juro que me lo pregunto y me lo pregunto y no duermo, no como, no pienso, no miro, no digo… lo único que hago es preguntarmelo y preguntarmelo. Y no puedo encontrar la respuesta a tanta injusticias. Tanta bronca. Quiero llorar, quiero gritar, quiero pegar, quiero explotar…
No puedo entender como con todo esto hay gente que está hablando de Nito Artaza o del torneo Clausura. Te juro, no lo entiendo, no me entra en la cabeza.
Estoy mal, lo repito. Pero quiero contarles. Fui testigo de todo esto desde mi puesto de comunicador, de periodista. Incluso me costó tener que transmitirlo. Carlos Fuentealba era el docente que el miércoles a la mañana resultó gravemente herido por una bomba de gas lacrimógeno que con toda la fuerza disparó un policía a tan sólo un metro y medio de su cabeza. Al estar tan cerca, la bomba salió con tanta fuerza que casi le perforó la cabeza. No lo hizo, pero lo dejó en coma. Agonizando. Luchando por su vida. Ya el mismo miércoles a la noche se sabía que tenía “daños neurológicos irreversibles”. Ya ese parte médico me sacudió el alma. Pero tenía esperanzas, siempre las tengo.
Hoy jueves, desde la redacción de la radio, me enteré que había muerto. No sabía qué hacer. Estuve a punto de llorar. Quería largar lágrimas por aquella persona que no conocía pero de la cual me apenaba la tan injusta muerte.

Por favor.
Deténganse un segundo. Uno nada más. Piensen, analicen lo que pasó. No era un asesino, un terrorista, un criminal, un violador, un represor. No era Videla, Massera, Agosti, Etchecolatz, Astiz, Hitler, Menem. No era. Solamente era un maestro de química que ganaba monedas por haber hipotecado su vida a la enseñanza y la educación. Si hay algo que yo idolatro y tengo arriba de un altar es el tipo de ofrenda su vida a la educación y a la salud. Un maestro, profesor, médico, enfermero o doctor. ¿Se dan cuenta? Gente que se pasa una vida entera estudiando para ofrecer algo a los demás. Y todo para qué. Para morir en una ruta, injustamente, con la cabeza abierta por haber hecho nada más que cortar una ruta.
No pedía un subsidio, un plan Trabajar, alimentos, ropa, casa, computadora, ni siquiera millones de pesos. Pedía un poco más de plata para poder vivir mejor. Un poco más de plata para comprar un paquete más de arroz o un sachet de leche. No pedía nada gratis, pedía que por su trabajo le paguen lo que se merece. Porque, aunque lo desconozcamos, los maestros de Neuquén, como los de la mayoría de las provincias, tienen su sueldo congelados desde hace años. Y hace años no son dos años, estoy hablando de diez y hasta quince años.
Ustedes pensarán “pero en el sur los maestros cobran como 1.300 pesos”. Sí, está bien, pero ¿ustedes saben cuánto cuesta un litro de leche, una manteca, la carne en el sur, donde los precios aumentan porque hay menos población?
Hoy también salió por Radio Continental Diego Genaro, un docente de Neuquén participó de la protesta alrededor de la casa de Gobierno provincial mientras Sobisch daba una conferencia de prensa para defender lo indefendible. Genaro contó que gana 1.200 pesos y que sólo de alquiler paga 1.000, a lo cual debe sumarse la luz, el gas, el agua y otras cosas. Pero, a ver si nos entra en la cabeza. Estamos hablando de que alguien que trabaja está ganando menos de lo mínimo que necesita para vivir.
Si vos vas a trabajar y te pagan por día $1,50. Y tenés que ir y volver en colectivo, a razón de $0,80 por viaje. Vas a poder ir pero no vas a poder volver. ¿Nunca te pasó que antes de tomarte un colectivo te diste cuenta que tenés 70 centavos y no sabés de dónde carajo sacar 10 centavos de mierda para poder volverte a tu casa, y encima estás lo más lejos posible? Bueno, eso es ganar $1.200 y pagar de alquiler $1.000.
Es no tener, no aguantar, no soportar. Y cuando no llegás, tenés que pedir, y en este país para pedir tenés que protestar, movilizarte, marchar y hacer quilombo. Y no por eso sos un integrante del Cartel de Juárez o de las FARC. Sos un docente que querés llevar algo para morfar a tu casa. Y los docentes de Neuquén no querían matar a nadie, simplemente querían que los vieran.

Porque ahí entramos en otro tema y es la desigualdad. Las clases no empezaron en Neuquén. Hace 5 semanas que existe este reclamo y nadie le daba pelota.
Hay un spot televisivo que habla sobre la importancia de hablar con los hijos sobre las drogas. Dice así:
“Tuvieron que comir chicos en Tucumán, para que en todas las casas se hable de la desnutrición infantil. Tuvo que morir el soldado Carrasco, para que empecemos a hablar del Servicio Militar Obligatorio. Tuvieron que morir 194 jóvenes, para que empecemos a hablar de la seguridad en los boliches. Tuvieron que morir cientos de personas, para que en tu familia se hable de la seguridad aérea. Tuvo que morir Axel, para que en la mesa discutamos sobre la inseguridad. ¿Cuántos más hace falta que mueran para que empecemos a hablar de las drogas? Hablá con tu hijo de las drogas, es la mejor manera de prevenir. Consejo Publicitario Argentino. Un consejo para todos”.
Y así podríamos hacernos una eterna película con secuencias de “tuvo que”, “tuvo que” y “tuvo que”. Porque este país, las cosas empiezan a cambiar después de que pasan. Yo agregaría, y no está de más, que tuvieron que desaparecer 30.000 argentinos para que nos diéramos cuenta de la importancia de la democracia, que por más débil que sea por quienes la representan, NUNCA MÁS debe ser vulnerada.
Y con el conflicto docente que se viene dando en varias provincias, podríamos decir que tuvo que morir Carlos Fuentealba para que en el país empecemos a hablar de los docentes que dan la vida laburando y ganan dos mangos. Y también su muerte valió para demostrarle a los que dudaban de la mano dura de Sobisch. No hay nada más que hablar: Sobisch es un asesino igual que los policías que reprimieron a los docentes en la ruta.

El miserable del gobernador dio una conferencia de prensa donde admitió haber sido él quien ordenó que se libere la ruta. Se quiso atajar de que no expresó que lo hagan reprimiendo. Pero fue él, fue él quien determinó la muerte del docente. “Le vamos a caer con todo el peso de la ley”, dijo el caradura sobre el responsable de la muerte de Fuentealba. Mientras hablaba, los docentes que el día anterior cortaban la ruta, rodeaban la casa del Gobierno de Neuquén, donde hablaba Sobisch, para impedir que salgan los funcionarios. Pero lamentablemente lo logró. En un operativo relámpago, mandó a la policía a tirar gases lacrimógenos a los manifestantes y él, mientras, escudado por un grupo de policías antimotines se subió a una combi policial estacionada de culata. Y huyó como una rata.
Para peor, escapó disfrazado de policía. Ni siquiera le dio la cara para mirar a los ojos a los cientos de maestros que le gritaban “¡asesino, asesino!” en los alrededores de la sede de gobierno.

30.000 desaparecidos
649 chicos inocentes muertos en Malvinas.
Más de 700 ex combatientes de la guerra se suicidaron. Lo que revela que murió más gente luego de la guerra que durante ella.
194 muertos en Cromañón.
Maximiliano Kosteki y Darío Santillán.
Axel Blumberg.
Diego Peralta.
Marcos Schenone.
Kevin Sedano.
Celia y Vanina.
Los 34 muertos del 19 y 20 de diciembre de 2001.
Los 55 chicos que mueren de hambre por día en Argentina.
70 personas en el accidente de LAPA en 1999.
Los 22 muertos por día por accidentes de tránsito.
El incendio del taller textil clandestino de Caballito.
¿Cuántos inocentes más vamos a tener que entregar para cambiar esta realidad?
¿Cuántos más?
No es gente cualquiera. Son personas. Son mi papá, tu mamá, tu hijo, tu tío. Exactamente iguales a nosotros. No son “otra cosa”.
No van a venir los marcianos a enseñarnos cómo se vive en paz y armonía. El cambio únicamente lo vamos a lograr nosotros. Y está en cada uno comenzar a promover un pensamiento más coherente y tolerante para evitar más muertes.
Por favor, basta.
Carlos Alberto Fuentealba tenía 40 años, era docente de Química de nivel medio, casado, tenía dos hijas de 10 y 14 años y era el delegado gremial del colegio secundario del barrio Cuenca XV, una humilde comunidad al oeste de la capital de la provincia.
Había obtenido el título de maestro hace poco más de un año, con mucho sacrificio, y con el apoyo de su esposa Sandra, quien también es docente de primaria.
Y su muerte no fue en vano. Hoy todo el país sintió el cachetazo. Sintió esa culpa de no preocuparse por lo que le pasa a los demás. Por un policía que nunca más en su vida podrá olvidar que dejó a dos hijas sin un padre.
Carlos Fuentealba no murió en vano.
Ni un muerto más. Ni uno.

25 Junio, 2007 at 12:52 pm
Leì letra tras letra de tu atículo, y aún a meses de la tragedia, me llega al alma y me conmueve terriblemente. En mi blog en la misma época escribí una nota muy corta, también indignada, indignadísima. Se llama Basta de políticas de emergencia. Habla justamente de que en Argentina siempre se actua en consecuenca, siempre tienen qu tomarse finalmente medidas de emergencia. Y yo me pregunto: Por qué? POR QUÈ??!!! Y el problema está en la historia misma del país, siempre se actuó en consecuencia. y es hora de un cambio, de que cada funcionario que asuma se tome el trabajo de hacer lo que le corresponde y asigne a un grupo de personas debidamente capacitadas para revisar cada área que le compete y no dejar ABSOLUTAMENTE NADA a la deriva. Ahora con Macri como Jefe Porteño, no se cómo puedan resultar las cosas, pero personalmente una desepción muy grande que una sociedad como la nuestra que luchó tanto por la libertad no cuestione a una personas con tan terribles antecedentes que se remite a decir que el no agrede y apenas habla de su programa porque tiene todo tan armado el discurso que tiene miedo a salirse de el y perder gnte a su favor. Claro, no agrede con palabras, pero bastante agredió con hechos. “Hablar menos y hacer más” Por favor decime cuando habló para decir ahora que tiene que hablar menos. Ojalá me confunda sobre él. En fin, me encantó tu nota. Soy alumna de TEA y llegué a tu blog por la page. Si te gusta mi blog y tenes ganas, escribime asi nos colocamos ambos en el blogsroll. saludos y exitos. Natalie