La noticia, levantada por el portal MinutoUno.com (de Chiche Gelblung), llega de la agencia Associated Press y asegura que los investigadores de una empresa farmacéutica suiza desarrollaron una droga que “curaría el imsomnio”. Los resultados de las primeras pruebas dicen que si se bloquean en el cerebro los receptores de Orexin, una sustancia clave para mantener despiertos a los seres humanos, se puede inducir al sueño a perros, roedores y (sí, Dios, gracias, muchísimas gracias) personas.
Según el vocero de Actelion Pharmaceuticals, la compañía de medicamentos que encabeza la investigación, actualmente se está evaluando la droga para tratar de establecer la dosis correcta que se va a aplicar en los seres humanos. Una vez que ese proceso esté definido, en un estudio que consta de tres etapas, sólo restaría solicitar la aprobación del fármaco a la Dirección de Alimentos y Medicinas de Estados Unidos.
¿Se imaginan? Al final, era cierto: un mundo ideal es posible. Los “imsomnes” podremos finalmente dormir. Juro que la emoción me obnubila, me ahoga de emoción, retengo las lágrimas para no parecer exagerado. Es que no es poco, estamos hablando de que millones y millones de personas en este mundo, que sufrimos de esta horrorosa patología, volveremos a tener esperanzas de, en algún momento, “descansar en paz” (en este caso, con la chance de ¡volver a despertar!).
No lo puedo creer, realmente es una buena noticia. Es que ya estoy cansado de que siempre que digo que no puedo dormir a la noche, alguien, estúpidamente, salte preguntando: “Pero, ¿por qué no podés dormir?”. Eh, ¿perdón? ¿no tenés algo más inútil para preguntarme?
A ver si se entiende, no soy un chiquilín reprimido que tiene ganas de molestar y a la noche no duerme para hacer “la contra” al 98% de la gente que sí está durmiendo. O sea, no hay un motivo en particular por el que el tipo que no puede dormir, no duerme. No es que dice “¡Uy! me preocupa ésto, esperá que me despreocupo y duermo”, no es algo automático. No se puede y punto. Vos te tirás en la cama y te quedás dormido, nosotros, no. Al que pregunta semejante pelotudez habría que ponerlo en la piel de uno: arrastrándose toda una noche, cansado, con los músculos que, poco a poco, se van aflojando porque no dan más. Mirando por el balcón la oscuridad cómplice de millones de personas que gozan del buen descanso. ¿Se piensan que es gracioso? ¿que yo tengo ganas de andar así todo el día?
Hoy, sin ir más lejos, debo estar cumpliendo las más de 24 horas despierto. Ayer (lunes 29) me levanté a las 9 de la noche (tras permanecer despierto toooda la madrugada, por los horarios cambiados, dormí todo el día) y ahora son las doce y media de la noche del martes 30 y no puedo más.
Me voy a la cama. Tras un enorme sacrificio (un día entero despierto) ahora sí puedo asegurar que voy a dormir. Pero, ¿es necesario acumular sueño y cansancio de dos días? Para algunos, sí.
Aunque no me voy como todos los días, hoy cierro los ojos y pienso. Pienso que mañana, tal vez, la solución a mi problema esté lista en un laboratorio, esperando su momento. Y mi momento, aquel en que yo pueda finalmente dar descanso a mi cuerpo y, sobre todo, a mi cabeza que sueña despierta y no para de pensar en eternas situaciones y planteos que nunca tienen fin.
Hambre, guerra, descontrol, contaminación, mentira… y ninguna solución.
Recién ahora, vislumbro una. Una solución que no puede terminar con todos los problemas, pero sí con uno en particular. Cabe en la palma de mi mano y, si todo sigue bien, será la que, de una vez por todas, me haga soñar.
Y así, casi durmiendo… espero.
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