Enero 2007


La noticia, levantada por el portal MinutoUno.com (de Chiche Gelblung), llega de la agencia Associated Press y asegura que los investigadores de una empresa farmacéutica suiza desarrollaron una droga que “curaría el imsomnio”. Los resultados de las primeras pruebas dicen que si se bloquean en el cerebro los receptores de Orexin, una sustancia clave para mantener despiertos a los seres humanos, se puede inducir al sueño a perros, roedores y (sí, Dios, gracias, muchísimas gracias) personas.

Según el vocero de Actelion Pharmaceuticals, la compañía de medicamentos que encabeza la investigación, actualmente se está evaluando la droga para tratar de establecer la dosis correcta que se va a aplicar en los seres humanos. Una vez que ese proceso esté definido, en un estudio que consta de tres etapas, sólo restaría solicitar la aprobación del fármaco a la Dirección de Alimentos y Medicinas de Estados Unidos.

¿Se imaginan? Al final, era cierto: un mundo ideal es posible. Los “imsomnes” podremos finalmente dormir. Juro que la emoción me obnubila, me ahoga de emoción, retengo las lágrimas para no parecer exagerado. Es que no es poco, estamos hablando de que millones y millones de personas en este mundo, que sufrimos de esta horrorosa patología, volveremos a tener esperanzas de, en algún momento, “descansar en paz” (en este caso, con la chance de ¡volver a despertar!).

No lo puedo creer, realmente es una buena noticia. Es que ya estoy cansado de que siempre que digo que no puedo dormir a la noche, alguien, estúpidamente, salte preguntando: “Pero, ¿por qué no podés dormir?”. Eh, ¿perdón? ¿no tenés algo más inútil para preguntarme?

A ver si se entiende, no soy un chiquilín reprimido que tiene ganas de molestar y a la noche no duerme para hacer “la contra” al 98% de la gente que sí está durmiendo. O sea, no hay un motivo en particular por el que el tipo que no puede dormir, no duerme. No es que dice “¡Uy! me preocupa ésto, esperá que me despreocupo y duermo”, no es algo automático. No se puede y punto. Vos te tirás en la cama y te quedás dormido, nosotros, no. Al que pregunta semejante pelotudez habría que ponerlo en la piel de uno: arrastrándose toda una noche, cansado, con los músculos que, poco a poco, se van aflojando porque no dan más. Mirando por el balcón la oscuridad cómplice de millones de personas que gozan del buen descanso. ¿Se piensan que es gracioso? ¿que yo tengo ganas de andar así todo el día?

Hoy, sin ir más lejos, debo estar cumpliendo las más de 24 horas despierto. Ayer (lunes 29) me levanté a las 9 de la noche (tras permanecer despierto toooda la madrugada, por los horarios cambiados, dormí todo el día) y ahora son las doce y media de la noche del martes 30 y no puedo más.

Me voy a la cama. Tras un enorme sacrificio (un día entero despierto) ahora sí puedo asegurar que voy a dormir. Pero, ¿es necesario acumular sueño y cansancio de dos días? Para algunos, sí.

Aunque no me voy como todos los días, hoy cierro los ojos y pienso. Pienso que mañana, tal vez, la solución a mi problema esté lista en un laboratorio, esperando su momento. Y mi momento, aquel en que yo pueda finalmente dar descanso a mi cuerpo y, sobre todo, a mi cabeza que sueña despierta y no para de pensar en eternas situaciones y planteos que nunca tienen fin.

Hambre, guerra, descontrol, contaminación, mentira… y ninguna solución.

Recién ahora, vislumbro una. Una solución que no puede terminar con todos los problemas, pero sí con uno en particular. Cabe en la palma de mi mano y, si todo sigue bien, será la que, de una vez por todas, me haga soñar.

Y así, casi durmiendo… espero.

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Ayer por la mañana, muy temprano, se conoció el fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya que, por 14 votos a favor de la Argentina y sólo uno en contra, no ordenó levantar los cortes de ruta que están realizando los asambleístas de Gualeguaychú desde hace varios meses. De esta manera, el magistrado internacional se declaró incompetente para dirimir el conflicto entre Argentina y Uruguay por la instalación de la planta de celulosa de la firma Botnia.

El argumento esgrimido por el tribunal señaló que no estaba convencido “de que estos bloqueos impliquen un riesgo de menoscabo irreparable a los derechos que Uruguay reclama en el presente caso. En consecuencia, la corte determina que las circunstancias del caso no son tales como para requerir que el tribunal… impida o ponga fin a la interrupción del tránsito entre los dos estados”.

En otras palabras: no está comprobado que los cortes de ruta impliquen perjuicios irreversibles para Uruguay, por lo tanto, la Corte no intervendrá. Eso sí: Uruguay tiene la facultad de, en cualquier momento, volver a presentar una demanda. Esto no es una victoria, es tan sólo un respiro para continuar con la lucha. Pero la pregunta es: ¿Cuánto más habrá que esperar? ¿Cuándo los uruguayos se darán cuenta de que todo esto es una gran mentira que Botnia y ENCE les hicieron creer?

Hace muy poco escuché decir a un especialista en medio ambiente lo que todo el mundo sabe (incluso los uruguayos) pero nadie quiere reconocer: todas las fábricas de celulosa del mundo contaminan. “Ahhh, pero todas las plantas van a contaminar un poco, no pueden no contaminar”, dicen los uruguayos. No, no se equivoquen. No es que van a contaminar porque van a barrer el piso y después van a tirar la mugre a la basura. Dejémonos de hipocresías. Contaminan porque matan, porque todas se ubican a la vera de un río para desechar allí los ácidos que luego contaminan el agua, aniquilan la fauna marina y, lentamente, van matando a todos los habitantes de las poblaciones más cercanas. Cáncer de mama, garganta, testículos y otras enfermedades, que ningún técnico de mantenimiento, operario de planta o analista de laboratorio de Botnia luego va a remediar, irán brotando. Ellos simplemente seguirán contaminando y pensando a fin de mes en los dos mangos que les va a pagar la firma finlandesa a cambio de matar. Mientras, toda una población envejece y muere.

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“Ustedes están muy mal informados. Informensé mejor y después vengan a hablar”, se ofuscan los “botijas”. Pero… ¿y a ustedes quién los informa? ¡Ah! Cierto, los medios de comunicación uruguayos. Los mismos que Botnia y ENCE compraron desde el principio con publicidad… y coimas, por supuesto. Los mismos medios que hoy son apretados por el Gobierno de Tabaré Vázquez para que no hablen mal de las pasteras. Los mismos medios de los cuales, en Argentina, sólo llegan “buenas” de las plantas de la muerte. “Esta tarde, Botnia aseguró a Canal fulano de Montevideo que en ningún momento realizó pruebas hidráulicas tal como afirmaron los asambleístas de Gualeguaychú”. ¿Perdón? Botnia misma le dijo a un canal en particular una información, ¿es casualidad? No, es complicidad. Los medios (encabezados por la televisión) son los que más lobby están haciendo desde el otro lado del río para que Botnia termine de ejecutar el predio que están levantando en Fray Bentos.

Por otra parte, y casi como principal defensa de estos emprendimientos, tanto el Gobierno uruguayo como el pueblo de ese país dicen que las pasteras van a ser “las principales fuentes de trabajo”. Ahora, yo me pregunto nomás, ¿no debería el Estado generar puestos de trabajo antes que esperar de brazos cruzados que inversiones extranjeras vengan y se encarguen de eso? La respuesta es: Sí, es el Estado quien debería encargarse de eso. Lo que sucede aquí es que la ilusión con la que las pasteras lograron ponerse firmes en el país vecino se basó, seguramente, en estudios de impacto ambiental e informes que declaraban como “nula” la contaminación próxima a generarse. Ahora, eso sí, muuuchos puestos de trabajo. ¿Y? ¿No sería más productivo, para terminar con todo esto, que el pueblo le pida a Tabaré Vázquez que él sea el que dé trabajo para así no tener que prescindir de estas empresas que poco rédito le van a significar al fisco de su país? Digo… porque si es por trabajo hay muchas empresas que seguramente quieren invertir en Uruguay sin tener que contaminar ni enfermar a nadie con sus tareas. Lo que pasa acá es que le carcome la conciencia a Tabaré creer que si Botnia se va la esperanza de miles de uruguayos con trabajo se va a romper y va a ser su Gobierno el que tenga que empezar a hacer algo para revertir esto.

La intolerancia no es por parte de nosotros, como dicen ellos. “Estos argentinos se meten en todo, no nos dejan progresar, una vez que viene una fábrica a poner plata acá y ellos tienen que ponerse en contra”, dicen, enojados. Pero no, a ver si se entiende. Hay un río, que se llama Uruguay, pero que, aún con ese nombre, no significa que sea sólo de ese país. El 7 de abril de 1961 los dos países firmaron un acuerdo que se llamó “Tratado del río Uruguay” donde se deja en claro que tanto Argentina como Uruguay tienen responsabilidad sobre el uso del río. Esto significa que los dos tendrán que cuidarlo. En un fragmento, dice:

“Artículo 7º
Las Altas Partes Contratantes acordarán el estatuto del uso del río, el cual contendrá entre otras materias las siguientes:

-Disposiciones para la conservación de los recursos vivos.

-Disposiciones para evitar la contaminación de las aguas

¿Se entiende? “Evitar la contaminación de las aguas”. O sea, Uruguay en ningún momento nos preguntó si queríamos que dos pasteras desechen sus fluídos tóxicos en el río, si queríamos que contaminen el agua, si queríamos que maten hasta el último pez o si queríamos que, uno a uno, fuesen matando a los habitantes de Gualeguaychú o de cualquier otra localidad o provincia argentina. Y como Uruguay no nos preguntó, nosotros tampoco le preguntamos a ellos si para protestar podemos cortar nuestras rutas que van en dirección a su país.

Y una acotación que es muy, pero muy importante. En Argentina, hay unas 10 pasteras que también están contaminando. Y están matando gente. A esas, obviamente, también hay que sacarlas. Pero eso, a esta altura, que ya están instaladas y produciendo, nos va a costar. No es imposible, pero es el paso a seguir. Lo que sí, todavía estamos a tiempo de salvar un río y dos naciones, cosa que tampoco será fácil, por lo menos por ahora.

Lo único que realmente espero es, no solo que no se termine de construir la planta de Botnia sino que, de una vez por todas, todos los hermanos uruguayos entiendan (por favor) que éste reclamo no es sólo por el pueblo argentino, también es por ellos. Nosotros no vamos a ser los únicos perjudicados, ellos también se intoxicarán, se enfermarán de cáncer y poco a poco irán muriendo. No se dejen atraer por los “espejitos de colores” que un par de mercantilistas desalmados les quieren vender.

El trabajo se puede generar de otras formas, el medio ambiente nunca más en nuestras vidas podremos restaurarlo. Por ejemplo, a esta altura, el calentamiento global ya es un fenómeno irreversible por el cual, con el correr de los años, iremos sufriendo gravísimas consecuencias en la naturaleza.

Todavía hay tiempo. Todavía.

No a las papeleras.

Hernán Vázquez.