Gracias. Simplemente. Es el mensaje para Juan Pablo Bermúdez, el periodista que en gran parte me formó. Sus sabias palabras supieron animarme en un momento difícil para mí. Si bien no lo exteriorizo y todo el mundo piensa que sigo siendo el mismo de siempre, la realidad no es esa. Y en el medio de tanta confusión fue él quién me entendió sin poner una palabra de más.
Si bien parecería que las cosas que le conté ya las habíamos hablado alguna vez, no fue en vano volver a recibir una mano en el hombro diciéndome: “Fuerza”. Hasta debo decir que me emocioné. No solo por eso, también leí su blog (pues fue él quien me recomendó que abriera uno, con el concepto tan conciso del título) y recordé su manera de escribir y hasta un artículo, sobre un video que mostraría la falsedad del hombre en la luna, que le pasé yo hace ya tres años, me hizo volver en el tiempo.
Todo eso me retrotrajo a mi “adolescencia” (no soy un viejo tampoco, tengo 20!) del 5º año y todas esas cosas. Pero no lo recordé por pavadas como la fiesta o “el último aaaaaño” como dirían las tontas y enceguecidas púberes que no saben que una vez afuera del secundario no les será tan fácil encontrar trabajo o seguir estudiando como contratar a una manga de imbéciles que los lleve a Bariloche. Sino que lo recordé por nuestras charlas de café de cosas en común. Qué sé yo, en ese sentido sí me gustaría volver el tiempo atrás.
Lo cierto es que me pareció que este espacio está bueno, no había pensado antes en abrir uno, ya que dije “bue… sólo Majul puede hacerlo”. No, ahora me doy cuenta que cualquiera puede tener uno. Por ende: todos podemos ser mejores que Majul. Igual, mucho no cuesta. Lo que es fácil es parecerse. Cuando lo veas a Menem por la calle, en vez de preguntarle por qué se llevó el país en los bolsillos, preguntale: “¿Se va a separar de Bolocco?, entonces… ¿tiene miedo?”. O sea, cosas que no le interesen a nadie.
Igual mi intención no es tanto eso: bajar línea. Solo expresar mis sentimientos. Alguien lo puede tomar o no pero no es la idea que se queden con lo que leyeron. Es tan solo una descarga para mí. De tanta opresión, tanto burgués y tanto facho, que me machacan la cabeza. Veo todo eso y no puedo bancármelo más. Lo peor es que sólo lo saco afuera con la Licenciada B, pero siempre hay algo que me queda en la cabeza y me da vueltas y vueltas y vueltas. Todo el día… y lo peor: toda la noche. De ahí tanto sueño. Tanta ojera.
Ahora, mirá qué paradoja. Yo cuando digo: “No pude dormir en toda la noche”. Los demás abren los ojos como si fuese algo extraño, raro, se espantan. Y me preguntan: “¿Por qué?”. Ahora viene cualquier pelotudo a contar cómo se merquea y nadie le dice nada, nadie se espanta. Es tan sólo un ejemplo de la degeneración de la sociedad que estamos viviendo. Este “populismo” o “cholulismo” de una sociedad como la nuestra. Donde se le da importancia a lo menos importante y lo que más debería llamarnos, ya nos cansó.
El mejor ejemplo para mí es el que le di a la Licenciada B la vez pasada: te comprás un par de zapatillas, te cortás el pelo o venís enyesado y todo el estúpido entorno te mira como si fuese algo nuevo, algo destacado, como si a partir de ese momento se alinearan todos los planetas a punto de reventar. Ahora cuántos chicos siguen teniendo hambre en Tucumán, qué edades tenían los pibes que murieron en Malvinas o por qué Memoria Activa ya no hace más los actos en Tribunales, eso sí que nadie lo sabe. O no lo quieren saber.
Es esta forma de distraernos de la realidad: nos ponen novelas imbéciles para que después vayamos por la calle persiguiendo a Pablo Echarri. Pero capaz pasa Estela de Carlotto y la pasamos de largo. Y es culpa de los miserables medios, que por izquierda o por derecha, se venden al primer postor que les dice: “No muestres esto”. Y esa es una de las tantas cosas que hacen falta cambiar.
No sé, no sé. Hay cosas que no me dejan en paz. No me dejan tranquilo. Y no me dejan dormir. A veces parece que estoy dormido, pero en realidad soy el que más despierto está.
Hernán.-
20 Marzo, 2007 at 8:17 pm
Encontré de casualidad tu blog y me da gusto encontrarte en el espacio virtual y comprobar que el paso por la Falcone o, al menos por algunos de sus profes, dejó huellas en vos. Ese es el motivo por el cual sigo en la docencia.
Un cariño enorme,
Edith